viernes, 22 de abril de 2011

Igualdad/desigualdad entre hombres y mujeres en el proceso de selección de la Corte Suprema De Justicia

Solanda Goyes Quelal

El 8 de diciembre de 2004, el Congreso Nacional, a través de una mayoría parlamentaria constituida sobre todo por el Partido Renovador Institucional – Acción Nacional (PRIAN), Partido Sociedad Patriótica (PSP) y Partido Roldosista Ecuatoriano (PRE), cesó de manera ilegal a la Corte Suprema de Justicia elegida en 1997 y la sustituyó por la denominada “Pichi” Corte, ocasionando un cisma en la sociedad ecuatoriana a causa de la desinstitucionalización que produjo este hecho.

La protesta ciudadana ante esta crisis institucional condujo en abril de 2005 a la destitución de Lucio Gutiérrez, Presidente de la República, por una decisión del Congreso bajo el argumento de que Gutiérrez había abandonado el cargo. Inmediatamente el Congreso también cesó la Pichi Corte y días más tarde, tras la reestructuración de autoridades del propio Parlamento, expidió la Ley 001, Ley Orgánica Reformatoria a la Ley Orgánica de la Función Judicial, el 26 de mayo de 2005.

La mencionada ley creó un sistema de selección de magistrados y magistradas de la Corte Suprema de Justicia por concurso público de merecimientos, con libre postulación y veeduría ciudadana. Estableció también la constitución de un Comité de Selección integrado por cinco comisionados/as elegidos por cinco colegios electorales, aunque finalmente solo se eligieron tres de ellos: el Dr. Carlos Estarellas por unidades académicas de derecho de las Universidades, el Dr. Bolívar Torres por los ministros de Cortes Superiores de Justicia y Tribunales Distritales de lo Contencioso Administrativo y Fiscal y el Dr. Rosendo López por los organismos de los derechos humanos. El colegio electoral de los presidentes de los Tribunales de Honor de los Colegios de Abogados del Ecuador no designó por dificultades internas de quienes lo integraban y la Comisión de Control Cívico de la Corrupción se negó a hacerlo.

Frente a esta eventualidad, la propia ley establecía un mecanismo de solución:“En el evento de que no se hubiere designado a uno o más miembros del Comité, éste se constituirá y funcionará con los miembros designados, pero en ningún caso con menos de cuatro miembros. Para el caso de que no existan dichos cuatro miembros, el o los que ya se encuentren designados elegirán por unanimidad el o los miembros que falten hasta completar el número mínimo de cuatro, los que deberán reunir los mismos requisitos para ser magistrado de Corte Suprema de Justicia, de conformidad con esta Ley. En este evento, tal elección podrá tomar en cuenta los nombres de insignes juristas o académicos del derecho que reúnan las exigencias requeridas, especialmente si los mismos son sugeridos por la sociedad civil a través de solicitudes difundidas públicamente por grupos sociales representativos de aquellos que vienen demostrando una participación cívica, responsable y seria; y, que demandan la existencia urgente de una Corte Suprema de Justicia independiente y ceñida a los principios universales de administración de justicia” .

Junto a la Asamblea de Mujeres de Quito solicitamos que el Comité aplique de manera inmediata la Ley y que lo haga además con una visión de género, de tal manera que este se constituya al menos con una mujer. En sendas cartas enviadas a los comisionados designados, expresamos que el Comité debía completar el mínimo de cuatro miembros y sugerimos incluso que lo mejor sería su conformación con cinco integrantes.

Sensibles a los pedidos de la ciudadanía y de los medios de comunicación, los tres Comisionados nombrados del Comité de Calificación de Magistrados, Magistradas, Conjueces y Conjuezas de la Corte Suprema de Justicia, convocaron por la prensa de circulación nacional, el día domingo 19 de junio del presente año, “a las organizaciones de la sociedad civil, legalmente constituidas, a que propongan nombres de jurisconsultos o académicos del área de Derecho, para que sean considerados al momento de nombrar al Cuarto Miembro del Comité Calificador, conforme lo establece la disposición general cuarta, inciso segundo, de la Ley Orgánica Reformatoria a la Ley Orgánica de la Función Judicial (R.O. 26 de 26 de mayo de 2005)”.

La Asamblea de Mujeres de Quito y varias organizaciones sociales legalmente constituidas propusimos a los miembros del Comité de Calificación de Magistrados, Magistradas, Conjueces y Conjuezas designados, una lista de mujeres para que, de entre ellas, se elija a la CUARTA Y QUINTA COMISIONADAS de dicho Comité. Al mismo tiempo, organizaciones de Guayaquil habían nominado al cargo a la Dra. Ketty Romoleroux. La Asamblea de Mujeres de Quito apoyó la nominación de la Dra. Romoleroux quien, finalmente, fue elegida el 26 de junio de 2005 por cumplir todos los requisitos legales.

El Comité decidió conformarse solo con cuatro miembros, siendo tan solo una de ellos mujer, lo cual equivalía al 25% de participación de mujeres.


El reglamento para concurso, designación y posesión de los magistrados y conjueces de la Corte Suprema de Justicia

La Red de Justicia conformada por 48 organizaciones de las ciudades de Cuenca, Guayaquil y Quito, con anterioridad a que se conforme el Comité de Selección, decidió realizar una veeduría al proceso de selección de magistrados/as y como uno de sus aportes elaboró un proyecto de reglamento construido colectivamente y consultado con juristas internacionales, cuyos países de origen habían vivido procesos públicos de selección de jueces. Esta propuesta de reglamento incorporaba los principios constitucionales de igualdad entre los géneros para la conformación de la Corte Suprema de Justicia, planteando una fórmula de designación que aspiraba una medida de acción positiva del 20% de mujeres, bajo el siguiente procedimiento:

Artículo 16.- Designación de magistrados, magistradas y conjueces y conjuezas:
Se designarán treinta y un (31) magistrados o magistradas: once (11) provenientes de la carrera judicial, diez (10) de la docencia universitaria y diez (10) del libre ejercicio profesional. De los treinta y un (31) magistrados y magistradas de la Corte Suprema de Justicia, al menos el veinte por ciento (seis personas) corresponderán al género femenino o al masculino, sea cual fuere el minoritario.

Los o las postulantes que hubieren obtenido los diez (10) primeros puntajes, sin consideración a su grupo de origen o su género, serán designados magistrados y magistradas de la Corte Suprema de Justicia. Si más de diez (10) postulantes hubieren obtenido los diez (10) mejores puntajes, porque hubiere más de un postulante con el mismo puntaje, se procederá a sortear el número necesario de postulantes para completar diez (10), de entre el grupo que tenga la más baja calificación. Aquellos que no fueren designados como parte de los diez (10) primeros, se incorporarán a aquellos que participen en la siguiente fase del proceso.

Para designar a los veintiún (21) magistrados restantes, se procederá por sorteo público de acuerdo al siguiente procedimiento:
a) Se seleccionarán a los cuarenta y dos (42) postulantes con los siguientes mejores puntajes, a continuación de los diez (10) magistrados o magistradas designadas según el segundo inciso de este artículo. Si más de cuarenta y dos (42) personas hubieren obtenido los siguientes cuarenta y dos (42) mejores puntajes, porque hubiere más de un postulante con el mismo puntaje, se procederá a sortear de entre los postulantes empatados en el menor puntaje, el número necesario de postulantes hasta completar el número señalado, esto es cuarenta y dos (42). Estos cuarenta y dos (42) postulantes se clasificarán entonces en tres (3) grupos, de acuerdo a su origen: carrera judicial, docencia universitaria y libre ejercicio profesional.
b) Para determinar el número de magistrados o magistradas que se elegirán con respecto a cada grupo de origen se restará: el número máximo de magistrados que corresponde designar según cada grupo de origen, según la Ley, menos el número de magistrados de cada grupo de origen que ya fueron nombrados entre los diez (10) mejores calificados.
c) De ese grupo de cuarenta y dos (42) se procederá a sortear quince (15) magistrados o magistradas, sorteando un postulante de cada grupo en forma alternada. En caso que durante el sorteo se llene el cupo máximo legal de un grupo de origen, antes de que se concluya el sorteo de los quince (15), se seguirá el sorteo solo del grupo o grupos cuyo cupo no se haya cumplido aún.
d) Luego se constatará la proporción correspondiente al género masculino y al femenino de entre las veinticinco (25) personas ya designadas.
e) Si existieran al menos seis (6) de un mismo género, se procederá a designar por sortero el número de magistrados o magistradas faltantes hasta designar treinta y uno (31), de entre todos y todas las postulantes que no hubieren sido favorecidas en el sorteo, de entre las cuarenta y dos (42) personas con mejores puntajes.
f) Si no existieran al menos seis (6) magistrados o magistradas correspondientes a un solo género, entonces los faltantes deberán ser designados en forma preferente. Para ello los nombres de los veinte y siete (27) postulantes restantes se clasificarán por género y solo de entre los del género minoritario se procederá a sortear el número necesario para completar seis (6) o el máximo posible menor a seis (6). A continuación se procederá a designar por sortero el número de magistrados faltantes hasta designar treinta y uno (31), de entre todos y todas las postulantes que no hubieren sido favorecidas en el sorteo, de entre las cuarenta y dos (42) personas con mejores puntajes.
g) De entre los restantes, los veintiún (21) mejor puntuados serán designados conjueces y conjuezas de la Corte Suprema.

Artículo 17.- Método alternativo para la designación:
De no hacer el comité la designación dentro del plazo contemplado en la disposición general quinta, párrafo tercero de la Ley Orgánica Reformatoria a la Ley Orgánica de la Función Judicial, resultarán designados quienes hayan obtenido los primeros treinta y un (31) puntajes. Si más de treinta y un (31) postulantes hubieren obtenido los treinta y un (31) mejores puntajes, porque hubiere más de un postulante con el mismo puntaje, se procederá a sortear el número necesario de postulantes para completar treinta y uno (31), de entre el grupo que tenga la más baja calificación. Aquellos que no fueren designados como parte de los treinta y un (31) primeros, se incorporarán a aquellos que participen en la designación de conjueces y conjuezas. En la realización del sorteo, se buscarán los mecanismos para que el género minoritario esté representado con al menos seis magistrados o magistradas.

Tendrán la condición de conjueces y conjuezas quienes hayan alcanzado los veintiún (21) mejores puntajes después de los treinta y un (31) puntajes asignados a los magistrados. Si más de veinte y un (21) postulantes hubieren obtenido los veinte y un (21) mejores puntajes, porque hubiere más de un postulante con el mismo puntaje, se procederá a sortear el número necesario de postulantes para completar veinte y uno (21), de entre el grupo que tenga la más baja calificación .

Por su parte, la Asamblea de Mujeres de Quito realizó una propuesta alternativa más integral que transversalizaba la perspectiva de igualdad entre hombres y mujeres a lo largo del Reglamento de selección. Para lo cual incorporamos la fórmula de equidad de género en la convocatoria, un sistema de calificación equitativo que proporcione igualdad de oportunidades a hombres y mujeres, una selección paritaria de hombres y mujeres para lo cual se establecía el concurso separado por sexo en todas sus etapas, medidas de acción positiva para preferir a una mujer en caso de empate, la conformación paritaria de la CSJ, el procesamiento de la información desagregada por sexo, entre otros. Algunas de las observaciones se trascriben a continuación:

Observaciones al artículo 1.- Llamado a Concurso público.-
En el inciso primero, en lo relacionado a la publicidad del proceso, consideramos que además del portal de la Función Judicial debe crearse un portal propio del Comité de Selección a fin de que no exista ningún tipo de dependencia con la Función Judicial.
Propuesta: luego de la palabra portal, agregar “del Comité de Selección y de ………”
En el cuarto inciso, ratificamos la propuesta elaborada por la Red de que, en la convocatoria, se estipule de manera clara el número de seleccionados/as que se elegirán, por origen y por género (el mínimo).

Observación al artículo 3. Solicitud formal de postulación.
En el inciso cuarto que trata del formulario del Anexo 1, agréguese un literal que determine el género de la persona: femenino o masculino. Esto con el objeto de facilitar el procesamiento de datos y obtener resultados desagregados por sexo, política impulsada por el Consejo Nacional de las Mujeres en todas las instancias estatales, a fin de contar con indicadores diferenciados entre hombres y mujeres, en cada materia, lo que facilitan adoptar políticas públicas con enfoque de género.
En el literal b) del mismo inciso, determinar estado civil, o unión libre.
En el literal g), redactar así: Nombre del cónyuge o conviviente, hijos o familiares a cargo.

Observación al artículo 6. Terminación del plazo de presentación de postulantes.
El artículo 6 del Reglamento dirá (modificaciones constan en negrilla): “El plazo para la presentación de las postulaciones concluirá a las dieciocho (18) horas del día señalado en la convocatoria. Inmediatamente después de haber concluido el plazo, el Secretario del Comité elaborará un acta en la que consten las postulaciones presentadas desagregadas por sexo, la misma que será refrendada por el Comité de Selección y publicado de manera independiente, una lista de mujeres y otra de varones en el portal oficial de Internet del Comité de Selección y de la Función Judicial”.

Observación al artículo 8. Publicación de la nómina de postulantes calificados/as y descalificados/as:
El artículo 8 del Reglamento dirá (modificaciones constan en negrilla): “Dentro del plazo de veinticuatro horas (24) de terminado el proceso de calificación de los requisitos formales, el Comité publicará en los dos (2) diarios de mayor circulación nacional y en el portal de Internet del Comité de Selección y de la Función Judicial la nómina de las y los postulantes, desagregada por sexo, que cumplen con los requisitos y que pasen a la siguiente etapa de selección, y de aquellos y aquellas que fueron descalificados/as.
En esa misma publicación se informará a la ciudadanía la hora y fecha en la que concluye el plazo de quince días (15) improrrogables para presentar impugnaciones a las postulaciones, señalándose el lugar en el cual se las recibirá.

Observación al artículo 10. Impugnación de las y los postulantes calificadas/os.
Agréguese al final del inciso tercero del artículo 10, la siguiente frase: La vida privada e íntima de las candidatas mujeres no será motivo de impugnación.

Observación al artículo 13. Puntuación de antecedentes.
Sustitúyase la letra a) del numeral 1, por el siguiente texto: “Un punto (1) por cada año en la Judicatura como juez/a, vocal/a, ministro/a o magistrado/a legalmente nombrado/a, tomados en cuenta a partir de los quince (15) años requeridos por la Ley, acumulables hasta por diez (10) puntos. En el caso de que la candidata sea mujer se le otorgará por este mismo concepto un punto y medio (1 ½) por cada año, hasta un máximo de diez (10) puntos, como reconocimiento al trabajo doméstico, constitucionalmente establecido”.
Sustitúyase la letra a) del numeral 2, por el siguiente texto: “Un punto (1) por cada año en el libre ejercicio de la profesión o ejercicio de cargo público en el que se tenga como requisito para el cargo el título de abogado, tomados en cuenta a partir de los quince (15) años requeridos por la Ley, acumulables hasta por diez (10) puntos. En el caso de que la candidata sea mujer se le otorgará por este mismo concepto un punto y medio (1 ½) por cada año, hasta un máximo de diez (10) puntos, como reconocimiento al trabajo doméstico, constitucionalmente establecido”.
Sustitúyase la letra a) del numeral 3, por el siguiente texto: “Un punto (1) por cada año como docente principal o titular, en materias jurídicas, en una Facultad de Jurisprudencia con al menos de quince (15) años de existencia, tomados en cuenta a partir de los quince (15) años requeridos por la Ley, acumulables hasta por diez (10) puntos. En el caso de que la candidata sea mujer se le otorgará por este mismo concepto un punto y medio (1 ½) por cada año, hasta un máximo de diez (10) puntos, como reconocimiento al trabajo doméstico, constitucionalmente establecido”.

Observación al artículo 15. Publicación del Resultado de la calificación de la idoneidad.
Concluida la fase de calificación de la idoneidad el Comité publicará el acta con el resultado de tal calificación de las y los postulantes desagregada por sexo. Esta publicación se realizará en los dos (2) diarios de mayor circulación nacional y en el portal oficial del Comité de Selección y de la Función Judicial, junto con la convocatoria a la ciudadanía a presentar impugnaciones a las calificaciones, en el plazo de dos (2) días.
El Comité resolverá las impugnaciones dentro de los siete (7) días y elaborará el acta final con la lista definitiva, la cual será firmada por todos los miembros del Comité y refrendada por el Secretario. Dicha acta contendrá los datos desagregados por sexo en lo relacionado a la lista definitiva de postulantes calificados/as.

Observación al artículo 16. Designación de magistrados, magistradas, conjueces y conjuezas.
Se designarán treinta y un (31) magistrados o magistradas: once (11) provenientes de la carrera judicial, diez (10) de la docencia universitaria y diez (10) del libre ejercicio profesional. El número de treinta y un (31) magistrados y magistradas de la Corte Suprema de Justicia, se conformará de manera paritaria entre hombres y mujeres.
Se elegirán a los y las postulantes que hubieren obtenido los diez (5) primeros puntajes, en cada género, sin consideración a su grupo de origen, y serán designados magistrados y magistradas de la Corte Suprema de Justicia. Si más de diez (10) postulantes hubieren obtenido los diez (10) mejores puntajes, porque hubiere más de un postulante con el mismo puntaje, se procederá a elegir en orden de preferencia, por género y luego por origen, hasta completar el número de diez (10), de entre el grupo que tenga la más baja calificación. Aquellos que no fueren designados como parte de los diez (10) primeros, se incorporarán a aquellos que participen en la siguiente fase del proceso.
Para designar a los veintiún (21) magistrados restantes, se procederá por sorteo público de acuerdo al siguiente procedimiento:
h) Se seleccionarán a los cuarenta y dos (42) postulantes con los siguientes mejores puntajes: veintiún (21) de la lista de mujeres y veintiún (21) de la lista de hombres, a continuación de los diez (10) magistrados o magistradas designadas según el segundo inciso de este artículo. Si más de cuarenta y dos (42) personas hubieren obtenido los siguientes cuarenta y dos (42) mejores puntajes, porque hubiere más de un postulante con el mismo puntaje, se procederá a seleccionar en orden de preferencia, primero por género y luego por origen, de entre los postulantes empatados en el menor puntaje, el número necesario de postulantes hasta completar el número señalado, esto es cuarenta y dos (42). Estos cuarenta y dos (42) postulantes se clasificarán entonces en tres (3) grupos, de acuerdo a su origen: carrera judicial, docencia universitaria y libre ejercicio profesional.
i) Para determinar el número de magistrados o magistradas que se elegirán con respecto a cada grupo de origen se restará: el número máximo de magistrados que corresponde designar según cada grupo de origen, según la Ley, menos el número de magistrados de cada grupo de origen que ya fueron nombrados entre los diez (10) mejores calificados.
j) De ese grupo de cuarenta y dos (42) se procederá a sortear diez (10) magistrados o magistradas, sorteando un postulante de cada grupo en forma alternada. En caso que durante el sorteo se llene el cupo máximo legal de un grupo de origen, antes de que se concluya el sorteo de los quince (15), se seguirá el sorteo solo del grupo o grupos cuyo cupo no se haya cumplido aún.
k) Luego se constatará la proporción correspondiente al género masculino y al femenino de entre las veinte (20) personas ya designadas.
l) Si existieran al menos dieciséis (16) de un mismo género, se procederá a designar por sortero el número de magistrados o magistradas faltantes hasta designar treinta y uno (31), de entre todos y todas las postulantes que no hubieren sido favorecidas en el sorteo, de entre las cuarenta y dos (42) personas con mejores puntajes.
m) Si no existieran al menos dieciséis (16) magistrados o magistradas correspondientes a un solo género, entonces los faltantes deberán ser designados/as en forma preferente. Para ello los nombres de los veinte y siete (27) postulantes restantes se clasificarán por género y solo de entre los del género minoritario se procederá a sortear el número necesario para completar dieciséis (16). A continuación se procederá a designar por sortero el número de magistrados faltantes hasta designar treinta y uno (31), de entre todos y todas las postulantes que no hubieren sido favorecidos en el sorteo, de entre las cuarenta y dos (42) personas con mejores puntajes.
n) De entre los restantes, los veintiún (21) mejor puntuados serán designados conjueces y conjuezas de la Corte Suprema.


El 5 de julio de 2005, el Comité de Selección dictó el Reglamento para Concurso, designación y posesión de los magistrados y conjueces de la Corte Suprema de Justicia. No acogió ninguna de las propuestas presentadas, salvo dos aspectos poco relevantes: puntuar la pertenencia a organizaciones de mujeres y preferir a la mujer en caso de empate con un hombre.

De esta manera, el Reglamento, aunque en principio no era su intención poner en desventaja a las mujeres, se constituía al final en un instrumento discriminatorio porque no valoraba sus saberes.


Análisis del reglamento dictado por el Comité de Selección

El Reglamento dictado por el Comité recogió en más del 90% la propuesta presentada por la Red de Justicia. Sin embargo, el 10% modificado transformó el sistema de selección, eliminando el concepto igualitario, equitativo e incluyente del proyecto de la Red. El Comité acogió todo lo relativo a las etapas del proceso pero el sistema de calificación y de designación lo reformó totalmente. En cuanto a los postulados de equidad de género, los eliminó.

La variación del sistema de calificación, que se lo elaboró con aparente neutralidad, dio como resultado la discriminación hacia las mujeres. La Red había propuesto la calificación de la evaluación de los antecedentes de idoneidad que abarcaban la formación académica, la experiencia profesional y las actividades complementarias con una suma de sesenta puntos y cuarenta puntos para la evaluación de la calidad de jurista en un examen oral. Con este sistema las mujeres habrían tenido mayor oportunidad que la valoración diseñada por el Comité que calificó con un porcentaje del 90% la experiencia profesional, sobre todo el paso por puestos públicos, de los cuales las mujeres habían sido excluidas históricamente.

El sistema de puntuación dictado por el Comité dividió en tres bloques la evaluación: el primero sobre antecedentes de experiencia profesional distribuido así:

• 28 puntos para los 7 años posteriores a los 15 básicos del requisito constitucional de ser doctor/a en jurisprudencia. Estos resultaron inalcanzables para la gran mayoría de mujeres, puesto que la incorporación de la mujer al estudio superior, hace más de 25 años, era todavía mínima en comparación con la presencia masiva de hombres en las universidades, lo cual era de conocimiento público y fue corroborado por las estadísticas levantadas en este proceso. Adicionalmente, muchas mujeres nacidas entre 1930 y 1958, que podían cumplir con los requisitos de edad y 15 años de profesión, primero habían resuelto los asuntos familiares como la crianza de los hijos y luego habían optado por la educación superior. Es decir que, para ellas, acumular los 15 años básicos ya resultaba ser un mérito. Puntear los adicionales, equivalía a excluirlas de manera deliberada. De la encuesta realizada a las candidatas, no menos de cinco casos habían enfrentado esta dificultad, lo cual las tornaba en profesionales jóvenes y el Reglamento se orientaba a premiar a profesionales que tenían acumulado más años.
De la calificación final se desprendió que más del 95% de varones alcanzaron este puntaje frente al 45% de mujeres, comprobándose una vez más la tesis de la discriminación hacia las mujeres, planteada desde el inicio del proceso.
Los 28 puntos se constituyeron luego en el 50% de la calificación, pues una vez realizada la evaluación de todos/as y cada uno/a de los candidatos/as, aquellos/as que se colocaron dentro de los 52 mejores (elegibles para Ministros/as) alcanzaron puntajes que oscilaban entre los 48 puntos y los 60 puntos, y los 28 eran, si no el 50%, al menos el 40%.

• Otro aspecto que desconocía las experiencias y saberes de las mujeres, fueron los 7 puntos que premiaban al hecho de haber ocupado puestos de decisión a nivel de primer/a personero/a de instituciones como la Corte Suprema de Justicia, la Contraloría General del Estado, la Procuraduría General del Estado, la Fiscalía General de la Nación, las Superintendencias de Bancos y Compañías, el Consejo Nacional de la Judicatura, entre otras. Todos estos puestos eran de designación del Congreso Nacional (con algunas excepciones), y por tanto provenían del poder político que históricamente ha sido reservado solo a los hombres. En este sentido, de las investigaciones realizadas corroboramos lo siguiente:
o La Presidencia de la Corte Suprema de Justicia, ha sido exclusivamente de hombres durante más de 100 años.
o La Contraloría, Procuraduría, el Tribunal Constitucional, las Superintendencias de Compañías y Bancos, han tenido titulares exclusivamente hombres durante toda su existencia. Una de las Superintendencias tuvo una mujer administrándola pero era economista por lo que no se beneficiaba de este concurso.
o La Fiscalía y el Consejo Nacional de la Judicatura han tenido una sola mujer en la historia de su existencia: en el primer caso durante seis años y de manera excepcional frente al total de años de vida republicana. En el segundo, durante poco más de un año, por principalización de la suplente, cuando el titular fue destituido .
o La Presidencia de Cortes Superiores, Tribunales Distritales y Tribunales Penales, han estado excepcionalmente en manos de mujeres pero a niveles de abismal desproporción frente a los varones que han predominado en dichos espacios.
o De la misma manera son excluidas las mujeres provenientes de la cátedra universitaria y el libre ejercicio profesional porque los puntos se otorgan solo en el caso de haber sido directivo/a de Colegios de Abogados, Tribunales de Honor, Universidades, en donde la presencia femenina ha sido mínima, casi inexistente en una sociedad de fuerte corte patriarcal.

• En los antecedentes de experiencia académica también se tornó en una calificación excesivamente formalista, pues el puntaje se otorgaba hasta en un acumulado de 28 puntos sumables por títulos de cuarto nivel, cursos dictados, cursos recibidos, libros publicados en ciencias jurídicas y libros publicados en ciencias afines, pero todo lo relacionado a formación académica debía tener el registro del CONESUP y los cursos debían ser realizados o dictados en entidades de educación superior.

Al respecto cabe señalar que gran número de las participantes acumulaban varios títulos de cuarto nivel en ciencias jurídicas y ciencias afines a las jurídicas, de gran importancia por contribuir a la visión humanística del derecho. Sin embargo este rubro fue mínimamente considerado por el Comité, pese a que requiere de grandes esfuerzos, sobre todo en el caso de las mujeres y mucho más si se lo realiza fuera del país.

En cuanto a los cursos recibidos o dictados, muchos de los acumulados por las mujeres no fueron tomados en cuenta porque no cumplían la formalidad de estar vinculados a una entidad de educación superior. La educación de las mujeres en muchos casos ha sido informal, promovida por ONG, organismos internacionales, orientados hacia la sensibilización y el impulso del empoderamiento de las mujeres, hecho que se hace al margen de las universidades. Ninguno de estos cursos fue tomado en cuenta.

• El tercer bloque de puntuación estuvo relacionado con otros antecedentes, en el que se premiaba por haber ejercido la docencia, la profesión de Abogado y la dirigencia de organizaciones dedicadas a los derechos humanos de las mujeres.

La docencia no ha sido un espacio abierto para las mujeres en una profesión como el Derecho. En la actualidad la presencia de juristas mujeres en la cátedra es casi nula, y el Reglamento daba el mayor puntaje a quien acumulaba cuatro años.

En este bloque se insertó la calificación de 2 puntos “por haber sido dirigente de organizaciones legalmente constituidas, que promuevan los derechos humanos de la mujer”, que fue incorporado con el objetivo de aplacar la presión de las mujeres para que se realice un proceso incluyente.

Pero del análisis realizado, estos dos puntos resultaban absolutamente desproporcionados frente a los más de 45 puntos que se acumulaban por experiencias en que las mujeres tradicionalmente no habían estado, mucho más cuando la formalidad era la que primaba.

A manera de conclusión podemos decir que el sistema de calificación favoreció a los postulantes hombres, funcionarios públicos, que habían ocupado puestos de poder y que eran mayores de 65 años de edad. Estos requisitos no podían ser alcanzados por las mujeres por las razones expuestas. La educación en los años que debió haber cursado el candidato/a “ideal” para este concurso no estaba abierta a las mujeres. El perfil ideado por el Comité no tenía un análisis de género y la discriminación se verificó en el resultado.

Una vez concluida la calificación, apareció también que quienes resultaron favorecidos fueron aquellos/as postulantes que habían compartido las tres fuentes. El mayor número de magistrados la obtuvo la docencia, puesto que ésta es la única que no tiene prohibición constitucional y legal de ser ejercida simultáneamente con el ejercicio profesional, la función pública y la judicatura. De hecho, las mujeres no comparten esas fuentes con la frecuencia de los hombres por todas las razones expresadas a lo largo de este documento, pero además porque siguen siendo casi exclusivamente las responsables de las obligaciones domésticas que demandan gran inversión de tiempo.

Adicionalmente, el mayor número de mujeres postulantes desde el inicio del proceso procedieron del libre ejercicio profesional, quizá porque éste se puede ejercer sin la intervención de “otros”, de los que manejan el poder y ponen cortapisas a las mujeres. En cambio, la docencia, la más favorecida junto a la carrera judicial, obtuvo un insignificante número de participantes mujeres. Es decir, estas estaban ausentes de la fuente con mayores posibilidades. La docencia y la carrera judicial constituyen cargos de designación, en los que las mujeres casi no han tenido la oportunidad de incursionar o su incorporación es muy reciente, de tal manera que los años acumulados no fueron suficientes para reunir los puntos según las reglas del concurso.

El Comité elaboró un Reglamento con aparente “neutralidad”, que toma el principio de igualdad como un punto de partida y no como un punto de llegada o como una meta. Se desconoció la esencia y espíritu del principio de igualdad que es lograr la igualdad real, igualdad de facto, igualdad sustantiva, no solo igualdad legal, para lo cual es necesario brindar oportunidades que permitan el pleno ejercicio del derecho. El Reglamento del Comité no contempló las diferencias sociales que viven las mujeres generando un proceso discriminatorio. “La reivindicación de la igualdad como principio normativo y como derecho, se sustenta en el principio ético de la justicia: no es justa la convivencia en la desigualdad y tampoco la competencia en la desigualdad”


Sistematización de los aportes de las veedurías nacionales e internacionales.
La Ley 2005-001, determinó en su disposición transitoria tercera que “Todo el proceso contará con una veeduría permanente por parte de Naciones Unidas, a través de su organismo especializado, Unión Europea y Comunidad Andina”, otorgándoles total libertad para el desempeño de sus veedurías. Esta disposición además determinó la posibilidad de que cualquier entidad realice veeduría previa solicitud por escrito al Comité.

Las veedurías, según estableció la ley, debían hacer seguimiento del proceso de calificación a través de la constatación y verificación de su correcto desarrollo, e identificar o denunciar cualquier intromisión de las Funciones Ejecutiva o Legislativa, u otras personas extrañas al proceso de calificación y designación, y proponer alternativas de solución.

Las veedurías internacionales que finalmente intervinieron fueron la de las Naciones Unidas, de la Organización de Estados Americanos y de la Comunidad Andina.

Entre las nacionales fueron calificadas la de la Red de Justicia, la de las organizaciones de Mujeres del Ecuador, la de la Asamblea Popular Salesiana, la de Alianza Democrática Nacional, la de las Facultades de Jurisprudencia de Guayaquil, entre otras.

Estas veedurías asumieron la revisión de todo el proceso, pero la particularidad de la veedurías de las organizaciones de mujeres fue la de revisar el cumplimiento del principio de equidad de género a lo largo del proceso.

Por las organizaciones de mujeres fueron acreditadas como veedoras Solanda Goyes de la Asamblea de Mujeres de Quito, Elsy Celi, Presidenta del Foro por la Seguridad Jurídica del Guayas y Gisela Padovani, Vicepresidenta Nacional de la Asociación de Mujeres Abogadas.

La veeduría de las mujeres incidió para que el Comité de Selección dictara, con posterioridad al reglamento, una resolución que establecìa la cuota del 20% de mujeres en la conformación de la CSJ. Las veedurías internacionales y de la Red de Justicia apoyaron la propuesta de las organizaciones de mujeres.

Sirvió como antecedente la nota emitida el 15 de julio de 2005 por el Dr. Leandro Despouy, Relator de Naciones Unidas, en su segunda misión al Ecuador, sobre independencia de magistrados y abogados. En dicha nota, tras la reunión mantenida con las organizaciones de mujeres y el CONAMU, promovida por UNIFEM, en lo relacionado a equidad de género, Despouy señaló en su informe la importancia de que el Comité reconozca de forma expresa la supremacía de la Constitución y la jerarquía de los tratados internacionales, y que atendiendo a los principios de equidad de género y la igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres, debía considerar el artículo 102 de la Constitución que hace expresa referencia a la participación de las mujeres en la administración de justicia.

Las gestiones del Relator dieron lugar a la respuesta del Comité, cuyo compromiso fue señalado al decir que el Relator: “ha sido informado por el Presidente del Comité de Calificación, el Dr. Carlos Estarellas, que el Comité había resuelto adoptar una decisión en la que tanto el Reglamento como la Ley serán aplicados de conformidad con la Constitución y los Tratados Internacionales ratificados por el Ecuador”.

De hecho, esta decisión fue adoptada por el Comité de Calificación a través de la resolución 002, que ratificó la prevalencia de la Constitución y los instrumentos internacionales sobre cualquier otra norma. Sin embargo, el Comité no precisó en lo concreto en que consistía la medida de acción positiva establecida en el artículo 4 de la CEDAW y el artículo 102 de la Ley Fundamental.

Ante esta decisión, las organizaciones de mujeres y el Consejo Nacional de las Mujeres reaccionamos con un rotundo rechazo. La resolución era una fiel transcripción de la Constitución Política de la República, lo cual la convertía en meramente declarativa y no permitía clarificar la forma y el cómo se aplicaría, si existían, las medidas de acción positiva en situaciones concretas.

El 22 de julio de 2005, la Secretaría General de la Comunidad Andina, otra veeduría internacional invitada por la ley, emitió su primer informe de veeduría al proceso de designación de los magistrados/as de CSJ, cuyo numeral 11 textualmente decía: “La Secretaría General, exhorta al Comité de Calificación para que durante el proceso y al momento de la designación de los nuevos magistrados y conjueces de la Corte Suprema de Justicia, se tome en cuenta la presencia y el aporte de la mujer en el fortalecimiento de la democracia, del Estado de Derecho y del imperio de la Justicia en el Ecuador”.

El 26 de agosto de 2005, los veedores internacionales de las Secretarías Generales de la Organización de las Naciones Unidas, de la Organización de los Estados Americanos y de la Comunidad Andina, en un comunicado conjunto expresaron: “Esperamos que el Comité de Calificación, en el cumplimiento de su labor, tome en cuenta la equidad de género como un criterio esencial para la integración de la nueva Corte Suprema de Justicia”.

El 13 de septiembre de 2005, la veeduría de las organizaciones de mujeres, basada en los términos de referencia de la Veeduría Internacional de la ONU, que determinaron que, en el marco de sus responsabilidades, sus veedores podrán: “Absolver consultas y hacer sugerencias a pedido del Comité de Calificación y de las Veedurías acreditadas para el proceso”, planteó una consulta que en lo sustancial preguntaba si las medidas de acción positiva que proponían la conformación de la CSJ con un mínimo del 20% de mujeres como magistradas y un mínimo del 20% de mujeres como conjuezas, se enmarcaban en el ordenamiento constitucional ecuatoriano y en los instrumentos internacionales vigentes en el país y si, por tanto, eran aplicables en el proceso de calificación, selección y designación de magistrados/as de la Corte Suprema de Justicia.

En su respuesta la Veeduría de las Naciones Unidas, opinó que:

La Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, en el primer inciso de su artículo 4, señala que “la adopción de medidas especiales de carácter temporal encaminadas acelerar la igualdad de facto entre el hombre y la mujer no se considerará discriminación”. Esto quiere decir que es lícito adoptar medida de carácter especial con el objetivo de garantizar la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres, otorgando a las segundas un tratamiento preferencial y transitorio que les permita superar su situación de desventaja y todas las medidas apropiadas APRA garantizar el derecho de las mujeres a “ocupar cargos públicos y ejercer todas las funciones públicas en todos los planos gubernamentales”.

Amparados en los principios y normas internacionales citadas, los países han implementado medidas orientadas a facilitar el acceso de las mujeres a las distintas instancias públicas y privadas de toma de decisiones en la sociedad. Con frecuencia estas medidas se han expresado a través del establecimiento de cuotas mínimas que aseguren la participación de las mujeres. Esto se ha aplicado tanto en procesos de elección popular de dignatarios como en procesos de designación de funcionarios y de contratación de personal. El caso del Ecuador no es una excepción, pues desde que ratificó la CEDAW en noviembre de 1989, su legislación ha establecido cuotas mínimas para la participación de las mujeres en el ámbito electoral, laboral y en la administración de justicia.

Los más importantes avances del Ecuador en esta materia se han dado a partir de la incorporación en 1998, de la disposición del artículo 102 de la Constitución. No obstante, lo conseguido aún dista mucho de lo que se considera adecuado según los estándares internacionales. Es así que el Comité de las Naciones Unidas para la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, con fecha 11 de julio de 2003, al examinar el caso de Ecuador, señaló: ”.

El derecho de las mujeres a una participación equitativa en los cargos de responsabilidad pública en general y en la administración de justicia en particular, que consta claramente establecido en la Constitución del Ecuador y en instrumentos internacionales como la CEDAW es, de conformidad con el artículo 18 de la propia Constitución ecuatoriana, . Agregando el mismo artículo 18 que: No podrá alegarse falta de ley para justificar la violación o desconocimiento de los derechos establecidos en esta Constitución, para desechar acción por esos hechos, o para negar el reconocimiento de tales derechos”.

Por lo expuesto, la veeduría de las Naciones Unidas opina que la adopción de una medida de acción positiva, sea mediante el establecimiento de una cuota mínima u otro mecanismo que favorezca el acceso de las mujeres a la Corte Suprema de Justicia, se enmarca plenamente en el mandato de la Constitución Política del Ecuador y en los instrumentos internacionales que obligan al país.

El 29 de septiembre de 2005, tras la resolución 011 adoptada por el Comité de Calificación de incorporar al menos el 20% de mujeres en la CSJ como magistradas, nuevamente en un comunicado conjunto las veedurías internacionales señalaron: “Celebramos la decisión del Comité dirigida a implementar una medida de acción positiva que favorece la participación de al menos un 20% de mujeres en la composición de la Corte Suprema de Justicia. Saludamos el interés y la participación que han tenido en este tema las distintas organizaciones de mujeres del país, a quienes se debe, en gran medida, esta histórica resolución. Junto a estas organizaciones, esperamos que el Comité apruebe con prontitud el mecanismo que servirá para hacer operativa la medida de acción positiva adoptada. Para tal efecto, podrán ser de utilidad las propuestas concretas aportadas desde las veedurías nacionales e internacionales.”

En rueda de prensa las veedurías internacionales “felicitaron a las organizaciones de mujeres por su desempeño a lo largo del proceso de selección”.

El informe conjunto de las veedurías internacionales, emitido el 11 de octubre de 2005, destacó que durante el proceso de selección fueron objeto de su observación y acciones: “La necesidad de aprobar una medida de acción positiva a favor de la equidad de género, según los principios contenidos en la Constitución del Ecuador y en los tratados internacionales”.

De esta manera se institucionalizó una medida de acción positiva en el máximo organismo de justicia nacional.


Análisis del proceso de calificación de postulantes:
Primera Etapa: Postulaciones

Con el objeto de contar con el mayor número de postulaciones, el Consejo Nacional de las Mujeres y la Asamblea de Mujeres de Quito promovieron la participación de las mujeres abogadas, a través de la sensibilización a los Colegios de Abogados del país, a las Facultades de Jurisprudencia de las Universidades que cumplían los requisitos establecidos en la ley (que tengan más de 15 años de existencia legal y que sean reconocidas por el CONESUP), así como a las Cortes Superiores de todo el país, a las Asociaciones de Abogadas y de Juezas del Ecuador, entre otras organizaciones.

Por su parte organizaciones como la Coordinadora Política de Mujeres, el Foro Permanente de la Mujer Ecuatoriana y las Asociaciones descritas al final del párrafo anterior promovieron la participación de sus asociadas en base a sus propios procesos.

La etapa de postulaciones concluyó con un total de 311 inscritos e inscritas, de los cuales 34 fueron mujeres, que equivale al 10,93%, frente a un 89,07% de varones.

Este total de participantes estuvo dividido en tres fuentes: libre ejercicio profesional, docencia universitaria y carrera judicial.

En la primera, la participación de mujeres fue del 12,77%, frente al 87,23% de varones. Esta tuvo un ligero aumento de mujeres frente al total general; sin embargo en las fuentes de docencia universitaria y carrera judicial la participación de las mujeres bajó dramáticamente en relación a la de los hombres, pues apenas participaron un 7,41% y 5,97% de mujeres, respectivamente, frente a cifras del 92,59% y 94,03, de varones.

Todas las cifras citadas son reveladoras: las mujeres apenas bordearon el 10% de participación en una sociedad que se considera igualitaria y que ha asumido que no existe discrimen en el ámbito laboral y de participación pública hacia las mujeres.

En un intento de desmontar estas erradas apreciaciones generalizadas, buscamos las causas de la gran brecha de participación entre hombres y mujeres. Este análisis nos condujo a determinar que el origen de la diferencia se encontraba en el discrimen histórico que las mujeres hemos vivido, limitándonos el acceso a la educación y al ejercicio de actividades en el espacio público, como la docencia y la carrera judicial, actividades tradicionalmente consideradas de exclusividad de los hombres.

La Academia en Ecuador ha sido un espacio casi exclusivamente ocupado por varones. De un sondeo realizado a las/os participantes de las veedurías (en gran número abogados y abogadas) sobre las mujeres maestras que tuvieron a lo largo de su carrera, todos/as coincidíamos en que el número no fue mayor a dos de un promedio de 45 créditos que debimos aprobar, es decir el 4,44%. Este hecho se vio reflejado en la cifra de postulantes mujeres que se presentaron por la docencia universitaria. Los/as profesionales consultados se habían educado entre 1985 y 1995, es decir en las últimas dos décadas, tiempo que contaba a la hora de acumular los años de ejercicio docente para quienes decidieron optar a la magistratura por esta fuente de origen.

Lo propio ocurría con la Función Judicial, que al año 2004, en los puestos con nivel de Corte Superior y Tribunales Distritales de lo Contencioso Administrativo y Fiscales, alcanzó un porcentaje de participación de mujeres del 6,59% (datos de Ecuador Jurídico). Para postular a la Magistratura de Corte Suprema, la Ley determinó que era necesario haber ejercido, al menos cinco años en cualquiera de las funciones de los niveles antes señalados. En consecuencia, a ésta fecha, por la fuente de carrera judicial, las mujeres habilitadas a participar apenas alcanzan un 6,59%, sin considerar los años acumulados. Quizá muchas superen esos 5 años y otras no, pero en cualquier caso la cifra es apenas la tercera parte de la cuota mínima (20% ) que las mujeres deberían ocupar en las Cortes Superiores.

En el marco del proceso de selección, los datos descritos, permitieron evidenciar las condiciones de desigualdad entre hombres y mujeres en que partía el concurso y sensibilizar así a varios sectores que, en algunos casos, si reflexionaron ante las cifras.

Etapa de calificación de requisitos formales
El Reglamento separó en tres momentos la calificación de los postulantes: una primera para la calificación de requisitos formales, una segunda para la calificación de la calidad ética de los/as profesionales a través de las impugnaciones públicas y una tercera destinada a la calificación de la calidad de jurista de los/as postulantes.

La calificación de los requisitos formales se basó en las normas establecidas en el Reglamento y en el instructivo dictados por el Comité con el objeto de operativizar las exigencias que para ser magistrado constan en la Constitución Política de la República y en la Ley Orgánica de la Función Judicial y que se resumen en:

• Presentación de la solicitud formal de postulación bajo las normas y con los formatos establecidos por el Comité.
• Presentación de una declaración juramentada en la que el/la aspirante debía declarar que cumple uno a uno los requisitos para ser magistrado, magistrada, conjuez y conjueza, establecidos en la Constitución, la Ley y el Reglamento, así como no estar incurso en ninguna de las prohibiciones ni inhabilidades señaladas en la legislación vigente.
• Que el/la postulante no haya recibido sanción alguna en el ejercicio de su profesión de abogado, o sanción por faltas graves en el ejercicio de la judicatura y la docencia universitaria.;
• Que el/la postulante no haya participado en política activa como miembro de directivas de partidos o movimientos políticos, dentro de los cinco años anteriores a la postulación.
• Que el/la postulante no haya sido sentenciado/a como autor, cómplice o encubridor/a de algún delito, ni haber sido encausado/a en procesos que prescribieron por falta de presentación del sindicado/a.
• Que el/la postulante no es deudor/a moroso/a del Estado ni de sus instituciones, ni de las entidades financieras en saneamiento o en liquidación, ni del sistema financiero nacional.
• Que el/la postulante no haya incumplido contratos con el Estado o sus instituciones, a menos que hayan sido ya rehabilitados por los organismos de control.
• Que el/la postulante no haya sido apoderado/a ni defensor/a por sí mismo o como socio/a de estudios jurídicos, o propietario/a de empresas nacionales o extranjeras que mantengan litigios contra el Estado Ecuatoriano o sus instituciones, y que comprometan su patrimonio y recursos.
• Que el/la postulante no haya omitido información relevante en su hoja de vida, relacionada con los requisitos para postular al cargo.
• Que la hoja de vida, se haya elaborado siguiendo en forma exacta el contenido del formulario que se otorgó como Anexo III.
• Que demuestre efectivamente que ha ejercido su profesión de abogado o la judicatura o la docencia universitaria en ciencias jurídicas con probidad notoria, por el lapso mínimo de quince (15) años antes de ser nominado para el cargo.
• Que demuestre sus antecedentes profesionales con determinación de cargo o funciones ejercidas en el ámbito público o privado, con indicación del nombre de la institución, organización o empresa, nacional o extranjera, señalando para todos los casos los períodos en los cuales ha desempeñado esas actividades profesionales.
• Que demuestre los antecedentes académicos como estudios y cursos realizados con indicación de la carga horaria total, títulos o diplomas obtenidos; nombre de la institución que los haya otorgado; señalando para todos los casos los períodos en los cuales ha realizado esas actividades; especificando su área de especialización.
• Que demuestre sus antecedentes de docencia universitaria: indicando la institución, cargo, materia y períodos en los cuales ejerce o ejerció esas actividades.
• Que demuestre haber publicado libros, solo de su exclusiva autoría, señalando el número de páginas, índice, editorial e información bibliográfica, debidamente notariada y adjuntando copias certificadas de ciertas piezas del libro.
• Que demuestre las conferencias dictadas o mesas redondas en las que haya participado como panelista, con indicación de fechas, temarios, tiempo, lugares e instituciones patrocinantes y trabajos presentados.
• Que de muestre los Congresos, jornadas, simposios u otros eventos, y las fechas, temarios, tiempo, lugares e instituciones patrocinantes en que haya participado.
• Que adjunte las distinciones académicas, menciones honoríficas u otros reconocimientos, de gran significación.
• Que demuestre la pertenencia a instituciones científicas o profesionales, con individualización de su domicilio, cargos desempeñados o calidad obtenida;
• Que adjunte fotocopia notariada de la cédula de ciudadanía, con el objeto de probar los requisitos de edad y nacionalidad.
• Que adjunto el certificado de Votación notariado, con el objeto de probar que está en goce de sus derechos políticos.
• Que adjunte una fotografía tamaño pasaporte, actualizada.
• Que adjunte el original del certificado de antecedentes personales (Record Policial) actualizado, conferido por la Policía Nacional.
• Que adjunte fotocopia certificada del título de Doctor en Jurisprudencia, Derecho o Ciencias Jurídicas, en universidades y facultades legalmente reconocidas por el CONESUP y que tuvieren existencia legal desde hace quince (15) años, con el objeto de probar que cuenta con ese título académico. El título de Doctor/a en Jurisprudencia, Derecho o Ciencias Jurídicas, debía ser obtenido por el/a postulante con al menos tres (3) años de anticipación a la fecha de designación.
• Que adjunte fotocopia notariada del carné de afiliación y certificación original en que indique su fecha de afiliación profesional al Colegio de Abogados, y de no haber sido sancionado/a por el Tribunal de Honor del Colegio respectivo.
• Que adjunte certificación original del Consejo Nacional de la Judicatura o Delegaciones Distritales de haber ejercido funciones de juez, por lo menos, por quince años, y de entre estos, los últimos cinco haber ejercido como Ministro de Corte Suprema o Superior legalmente designado; o haber sido miembro de los Tribunales Distritales de lo Contencioso Administrativo o Fiscales. Este certificado además debía señalar todos los antecedentes que registre la hoja de vida del/a postulado/a, en cuanto a fecha de ingreso y -en su caso- de egreso de cargos desempeñados en la Judicatura, licencias extraordinarias concedidas, sanciones disciplinarias, destituciones si fuere del caso de que haya sido objeto y quejas presentadas o en trámite, con indicación de fecha y motivo.
• Que adjunte la certificación original de una Universidad reconocida por el CONESUP, de haber ejercido o encontrarse en el ejercicio de la cátedra en ciencias jurídicas, especialmente de la materia por la que opta para ser magistrado, y que, de los quince (15) años requeridos, por lo menos cinco (5) demuestre haber ejercido en la categoría de profesor principal o su equivalente. Dicho certificado, además debía indicar –de ser el caso-, las sanciones que ha recibido en el ejercicio de la docencia el/la candidato/a.
• Que adjunte fotocopia certificada de otros títulos profesionales y académicos de tercer y cuarto nivel vinculados con el derecho, obtenidos en el país o en el extranjero, legalmente registrados en el CONESUP.
• Que, cuando el/la postulado/a lo fuera por una persona o grupos de personas u organizaciones, además de las comunicaciones originales que respalden la postulación, adjunte una de aceptación del/a postulado/a.

En el instructivo se aclararon varios casos de duda y sobre todo la forma como debía probarse cada uno de los requisitos.

Uno de los debates más encarnizados en esta etapa se desarrolló alrededor de si se mantenía o no la prohibición para ser magistrado a quien haya sido abogado/a patrocinador/a o defensor/a de los sindicados o encausados en causas relacionadas con delitos establecidos en la Ley de Sustancias Estupefacientes y Psicotrópicas, siempre que las mismas hubieren concluido con sentencia condenatoria de los procesados defendidos; y, aquellos que se encuentren litigando en contra del Estado. Se alegaba que el derecho a la defensa lo tiene todo ciudadano y, por ello, en todo caso debían existir abogados prestos para ejercer dicha defensa, y además dicha prohibición vulneraría el libre ejercicio de la profesión y principios como la no discriminación y la no identificación de los abogados con sus clientes, hecho que además fue observado por el Relator de las Naciones Unidas, Dr. Leandro Despouy, en su segunda visita al Ecuador.

El Comité de Selección antes de dictar el instructivo, emitió una resolución en la que levantaba esas inhabilidades constantes en la Ley y dispuso a las auditoras que no descalificaran a aquellos que incurrieran en dichas prohibiciones.

La decisión sin embargo no fue beneficiosa para aquellos que, habiendo estado incursos en esas inhabilidades, no se presentaron al concurso por el lógico desconocimiento de que a futuro serían levantadas, porque el Comité no abrió ningún plazo para que pudieran hacerlo, pese al pedido de las veedurías.

La reapertura de los plazos de presentación de postulaciones quizá abría dado oportunidad a otras mujeres que no se presentaron en la primera llamada, sin desconocer que la presencia de varones también hubiese sido masiva e incluso habría profundizado la brecha entre hombres y mujeres.

En las circunstancias descritas, el Comité, a través de las auditoras, procedió a calificar los requisitos formales dando como resultado la separación del proceso de 147 postulantes, equivalente al 47,27% (casi la mitad de postulantes) por incumplimiento de alguno de los requisitos descritos de manera detallada en líneas anteriores.

Las descalificaciones a las mujeres presentaban un ligero porcentaje mayor al de los varones. Las carpetas desechadas de mujeres era el 50%. De 34 postulantes 17 fueron retiradas del proceso y solo 17 subsistieron en la contienda. En el caso de los varones el 53,07% se mantuvo y el 46,93% fue descalificado.

Las barras permiten mirar el bloque que representan las calificaciones y las descalificaciones dentro del número total de postulantes por género.

De la revisión de los motivos de las descalificaciones podemos concluir lo siguiente:

• Hubieron dos carpetas que no presentaron anexos ni los formularios exigidos por el proceso. Esto, con seguridad, fue motivado por la presión a las profesionales candidatizables, ejercida desde diversas organizaciones que promovían la mayor presencia de mujeres concursantes con el fin de que constituyeran un buen bloque -cuantitativa y cualitativamente- que pudiera cubrir una eventual cuota de mujeres dentro de la Corte Suprema. Sin embargo, este propósito bien intencionado resultó contraproducente. Ante los ojos de periodistas, funcionarios/as, Comité, veedores/as y otros actores/as cercanos/as al proceso, este hecho se percibió como un elemento de desorden, de falta de “capacidad”, que mostraba, según su percepción generalizada, que las mujeres no habían “podido” ni siquiera organizar adecuadamente su carpeta, razón por lo cual no tenían méritos para la magistratura y que, sin embargo, exigían una cuota.

Esta experiencia fue útil para remarcar en la necesidad de que las mujeres debíamos ser pulcras en lo formal. , Este aspecto pesa mucho en los procesos y ello fue comprobado en la selección de la Corte Suprema de Justicia.

• Entre las razones de descalificación que pudieron ser relacionadas con construcciones sociales de género y que afectaron a las mujeres, podemos señalar las descalificaciones por no reunir los 5 años mínimos como Ministras de Corte Superior o de Tribunales Distritales de lo Contencioso Administrativo para las postulantes por la carrera judicial, o por no reunir esos mismos cinco años como maestras principales para aquellas que optaron por la docencia, o por no haber ejercido los últimos cinco años bajo el concepto dado por el Comité para quienes se inscribieron por el libre ejercicio profesional. Este concepto exigía que se haya realizado el patrocinio judicial, administrativo, asesorías, consultorías, arbitrajes, mediación, absolución de consultas, o cualquier otro servicio que requiera de conocimientos en ciencias jurídicas, siempre que durante esos años no haya mantenido relación de dependencia especialmente en la Función Judicial porque ello la interrumpe. Fueron cinco los casos de las postulantes separadas por estas razones, casi el 30% de entre las descalificadas. Esto nos corroboró que tanto la Ley como el Reglamento fueron excluyentes, pues no consideraron que estas restricciones recaían de manera más severa sobre las mujeres que sobre los hombres por las causas ya señaladas anteriormente. En esta línea también se inscribieron las descalificaciones de las postulantes que no cumplieron los 15 años mínimos de ejercicio profesional en la fuente que hayan optado: dos casos.

• Pero también existieron descalificaciones basadas en criterios generales, aplicados a todos/as los/as postulantes y que por constituir requisitos esenciales no podían ser pasados por alto, como por ejemplo el no tener el título de doctora en jurisprudencia (1 caso), o no tener la edad de 45 años establecida constitucionalmente (1 caso), ser deudora de la banca cerrada con calificación E, o por haber tenido sanciones en el ejercicio de la profesión, sea este libre, docencia o carrera judicial (1 caso), por haber participado en política activa como integrante de una directiva de un partido o movimiento (1 caso).

• Los casos que constituían exclusión fueron debatidos por la veeduría de las organizaciones de mujeres con apoyo de veedurías aliadas como las internacionales y la de la Red de Justicia. Sin embargo el Comité no hizo distinción de ningún caso y rechazó la reconsideración. Cabe especial mención los casos de Doctoras en Jurisprudencia con títulos obtenidos en Escuelas cuya denominación no era la de Facultad, pese a que la universidad tenía más de quince años de existencia legal. La exigencia de que el lenguaje se ajuste a lo que dice la Ley y el Reglamento nos parecía una decisión extrema, pues esto era un caso subsanable con una instrucción del Comité que no la adoptó, pese a que se invocó las normas de interpretación de la ley que constan en el Código Civil, las normas constitucionales que determinan que no debe sacrificarse la justicia por las meras formalidades y el sentido común, incluso el espíritu de la norma que a nuestro entender no pretendía excluir a aquellas instancias de formación que no se denominaran “facultades”, sino tan solo pretendía garantizar que la Universidad tenga un trayectoria seria de real formación de profesionales, que en el caso de la Universidad de Loja, la tenía. Finalmente el Comité desechó la reconsideración tanto para varones como para mujeres, sacrificando a una gran candidata postulada por las organizaciones de mujeres de la provincia del Guayas.

• El Comité de Selección además resolvió retirar del proceso, vía resolución, a quienes habían formado parte de la denominada “Pichi Corte”. La candidata Rosi Nevares, una de las tres integrantes de dicha Corte, se presentó al concurso y a la vez que incumplía con requisitos de tipo formal que impedían su postulación (no completaba con los últimos cinco años en el libre ejercicio profesional sin relación de dependencia con la Judicatura y tenía sanciones en el ejercicio de la profesión por faltas graves), también pesaba sobre ella la resolución señalada. Fue separada del proceso.

De las 147 descalificaciones iniciales, 89 presentaron reconsideración, entre ellas 11 mujeres. Se aceptaron 16 reconsideraciones y las restantes fueron negadas. Ninguna de las reconsideraciones planteadas por las mujeres fue aceptada. Esto contribuyó a que baje el número y por tanto el porcentaje de participación de mujeres en las siguientes etapas.

De las 11 reconsideraciones planteadas por las mujeres, 6 no justificaron la razón que la sustentaba, pese a que el Reglamento determinaba la obligación de sustentar la reconsideración.

Este aspecto debe ser tomado en cuenta. En derecho es necesario demostrar lo que se asevera y además de la justificación era necesaria la documentación que respalde las aseveraciones expresadas en la reconsideración. Este número, que es más del 50% de las reconsideraciones, debe hacernos reflexionar porque todo este tipo de actuaciones contribuyen a la descalificación de las mujeres y por tanto el descrédito de la cuota.

Finalmente el número de mujeres y hombres que superaron la etapa de requisitos formales, entre los que fueron calificados inicialmente sumados a quienes se les aceptó la reconsideración, llegaron a 180 postulantes, de los cuales 17 fueron mujeres. El siguiente cuadro nos demuestra la distribución porcentual.

Etapa de impugnaciones
Se presentaron 100 impugnaciones en contra de 56 postulantes. De esas, 85 fueron presentadas en contra de 50 postulantes varones y 15 en contra de 6 postulantes mujeres.

Los motivos de las impugnaciones hacia las mujeres se relacionaron con glosas de la Contraloría General del Estado, juicios penales y falta de probidad notoria, motivaciones muy similares a las de las impugnaciones de los varones.

El 35,29% de mujeres fueron impugnadas, mientras que en el caso de los hombres fueron impugnados el 34,35%. Como se desprende de las cifras, los hombres fueron ligeramente menos impugnados que las mujeres, lo cual nos conduce a reflexionar sobre este resultado. La impugnación como cuestionamiento social recae sobre los personajes públicos/as que en ejercicio de sus funciones han cometido actos que la ciudadanía condena, pero si sostenemos que las mujeres hemos estado escasamente en el espacio público, se esperaría que ese cuestionamiento social recaiga en menor medida sobre ellas porque numéricamente hemos estado menos expuestas, sin embargo, la cifra nos revela que el cuestionamiento es mayor. Inclusive los dos más impugnados/as son un hombre con 8 impugnaciones y luego le sigue una mujer con 6 impugnaciones.

Los datos también demuestran que las mujeres no son ni buenas ni malas per se, por lo que es necesario trabajar en procesos de sensibilización que conduzcan a un ejercicio del poder distinto desde las mujeres.

Todas las mujeres impugnadas se sometieron al proceso, defendieron y contrarrestaron los argumentos de sus impugnantes y finalmente recibieron absolución por parte del Comité de Selección con lo cual todas continuaron en el proceso. En el caso de los hombres, sí hubo descalificados. Las razones fueron: casos de plagio de libros, falta de probidad notoria, omisión de responsabilidades en ejercicio de funciones públicas, entre otras. Pero es de relevancia la descalificación de un postulante impugnado por falta de probidad, cuyo hecho se basaba en no haber cumplido con obligaciones alimenticias de su hija por varios años. Este hecho fue debidamente fundamentado y demostrado por el impugnante (abuelo de la alimentada), y el Comité resolvió retirarlo del proceso de selección. La importancia de este acto fue fundamental en la medida que generó un impacto en la sociedad, contribuyendo a modificar la percepción sobre el ejercicio de la paternidad que debe estar íntimamente relacionada con el cumplimiento de los deberes y obligaciones de los progenitores varones. Este hecho, por cierto, tuvo como sustento la permanente lucha de las mujeres durante el proceso de selección por posicionar sus derechos humanos y, desde luego, la lucha de las mujeres en décadas anteriores.

Igualmente fue positiva la actuación del Comité frente a una impugnación “no formal” a una de las candidatas a través de un pasquín que tocaba asuntos de su vida afectiva personal. El Comité desechó esta interpelación, lo que nos dio muestra de un avance (aunque incipiente) sobre el hecho de que el comportamiento de las mujeres no debe ser llevado al escenario público cuando de su vida íntima se trata. Las decisiones sobre esta le concierne solamente y de manera absoluta a las mujeres en ejercicio de sus derechos sexuales y reproductivos.

Etapa de calificación de puntajes
Luego de las impugnaciones con un número de 164 participantes y 16 retirados por aceptación a la impugnación, se inició la etapa de calificación de puntajes de cada una de las carpetas de los/as postulantes.

En esta etapa del proceso que constituía la recta final del mismo, se retomó el porcentaje inicial de participación de mujeres, puesto que ninguna de éstas fue separada en la etapa de impugnaciones. Por el contrario, los varones tuvieron la disminución de 16 candidatos.

Finalmente entraron 17 mujeres y 147 hombres a la etapa de calificación de puntajes. De éstos/as 4 mujeres se ubicaron dentro de los 52 mejores puntajes que eran los elegibles.

En una información preliminar de las auditoras se conocía que se encontraban cinco mujeres dentro de los 52 mejores puntajes, pero luego fue rectificada dicha información y una de ellas separada por cuanto no cumplía con el requisito de “origen puro” determinado por el Comité. En este caso habían considerado los quince años de libre ejercicio profesional más varios años de judicatura como ejercicio profesional, cuando las reglas habían determinado que la una y la otra son excluyentes. Tras la rectificación, el número final de mujeres que quedaron entre los 52 mejores puntajes fueron cuatro.

La Veeduría de las organizaciones de mujeres realizamos una calificación paralela a la de las auditoras determinando que habían muchos méritos no considerados, por lo que se promovió que las mujeres impugnaran sus puntajes. La veeduría de las mujeres tuvo un rol protagónico cuando sustentó en el debate cada una de las impugnaciones, logrando que exista el mayor reconocimiento de los méritos profesionales y académicos de las mujeres y consiguiendo significativos aumentos de puntajes.

Esta etapa contó con el valiosísimo apoyo de los/as veedores/as internacionales y de la Red de Justicia.

En promedio, podría decirse que entre los/as recalificados/as mayormente beneficiados/as estuvieron las mujeres ya que en varios casos esto significó que recorrieran hasta veinte puestos dentro del tablero de posiciones.

El significado del ingreso de las mujeres a la Corte Suprema de Justicia
Al demandar la incorporación de mujeres a la Corte Suprema de Justicia, se pone sobre el tapete varios elementos para la reflexión, siendo uno de ellos el de la desigualdad subsistente.

La igualdad es el principio que universaliza los derechos, gracias al cual todas las personas tenemos los mismos derechos, no obstante, el presente análisis permite observar que la participación de las mujeres en el proceso resulta más complicada que la de los hombres porque intervienen factores fácticos que disminuyen las posibilidades de acceso de las mujeres, enfrentándonos a situaciones de desigualdad por resultado.

Es decir, el aparente carácter “neutro” del concurso, provoca discriminación y exclusión de quienes no se ajustan al modelo de valoración diseñado, y lo hace sin intención expresa, de modo imperceptible a los sentidos de la gran mayoría de personas, puesto que culturalmente percibimos la igualdad como aplicación de las mismas reglas de juego sin considerar las diferencias de género que culturalmente están impuestas y vigentes.

El proceso vivido si bien no concluyó con el objetivo de incorporar una cuota mínima de mujeres en la CSJ, lo cual podría ser considerada una pérdida, constituyó una gran oportunidad para demostrar a la sociedad en general que la desigualdad subsiste y que es necesario generar políticas de igualdad en los resultados que aceleren la garantía del derecho a la participación en la toma de decisiones por parte de las mujeres.

Este proceso ha dejado varias lecciones, siendo una de ellas el poco compromiso subsistente ante el tema y la gran necesidad de generar procesos de sensibilización a hombres y mujeres que llegan a puestos de decisión, pues sin su comprometimiento con la agenda de género, la desigualdad seguirá reproduciéndose, porque el derecho a la participación tienen dos sentidos: uno el que el poder esté compartido por hombres y mujeres y otro, que quienes acceden transformen las estructuras que generan desigualdad, tarea que compete también a hombre y mujeres.

jueves, 24 de marzo de 2011

Providencia de la Corte Constitucional frente a la demanda de inconstitucionalidad del Decreto 1780


Adjunta la última providencia de la Corte Constitucional dentro de la Acción de Inconstitucionalidad de los decretos 1780 y 15 que hemos presentado ante dicha corte, en la cual se dispone que nuestra acción se acumule a la acción presentada por Martha Roldós por cuanto existe identidad y relación entre las mismas, de igual forma se dispone que nuestro expediente se remita al despacho de la jueza Nina Pacari (que es la jueza ponente de la causa presentada por Martha Roldós) para que ella continúe con el trámite, esto es: elaborar un proyecto único de sentencia para que el Pleno de la Corte lo considere y emita su pronunciamiento.

martes, 1 de junio de 2010

Nuestra opinión frente al proceso de discusión de la Ley de Igualdad

Sobre la propuesta generada en el Ejecutivo (Ministerio de Justicia)

· Consideramos que la propuesta está siendo construida sin participación de los sectores de mujeres y hombres involucradas/os. Por ello resulta necesario exigir del Ministerio de Justicia, como entidad a cargo de la elaboración de la propuesta y en aplicación al derecho constitucional de la participación social, la apertura de canales participativos para el diseño y formulación de la futura ley. Esto implicará además que, durante y después del proceso de redacción, tendremos que pronunciarnos, inclusive si el Ejecutivo decida presentar formalmente su propuesta de manera pública y en el proceso de aprobación de la ley a nivel de la Asamblea Nacional y de la Presidencia de la República.

Sobre el contexto político en el que se plantea la Ley de Igualdad

· Por contactos realizados y eventos públicos en los que se ha escuchado la posición de distintos sectores sociales, aparece como complejo y difícil el logro de un consenso en torno al cuerpo legal, que entre otros aspectos debe normar el funcionamiento de los Consejos de Igualdad previstos en la Constitución. Esta situación hace más necesario el diálogo tanto entre sectores sociales como entre éstos y el gobierno, pero también determina el que las mujeres no podamos mantener una posición de espera pasiva frente a esta situación.

Sobre la iniciativa de convocarnos como movimiento para esta discusión

· Saludamos contentas el que algunas organizaciones hayamos tomado la iniciativa de convocarnos para discutir una propuesta en torno a la Ley de Igualdad, no sólo por la importancia que el tema reviste para nosotras, sino porque constituye una oportunidad para encontrar consensos que permitan articular una posición propia de algunos sectores del movimiento de mujeres, desde una postura política de autonomía y de decisión de superar la dispersión y el silencio frente a algunos acontecimientos políticos que nos conciernen.

Pensamos que esta iniciativa debe fortalecerse a partir de promover la inclusión en el debate del amplio espectro de mujeres diversas en todo el país.

Sobre la propuesta de discutir y proponer una ley específica de igualdad entre hombres y mujeres

· Consideramos que los dos puntos primeramente señalados marcan un contexto en el que se hace necesario que las mujeres avancemos en discutir y consensuar una propuesta propia, que no suponga solamente acotar puntos a un texto propuesto sin la debida y real consulta previa por el Gobierno, y si este proceso sirve además para lograr una mejor articulación y posicionamiento del movimiento de mujeres.

No obstante, pensamos que, por realismo político, tampoco podemos desestimar cualquier oportunidad que se presente de discutir un marco general, que con o sin nuestra aceptación, probablemente se aprobará, además de que esta discusión es saludable y necesaria para que nuestras propuestas sean escuchadas no sólo por las propias mujeres sino por todos los sectores sociales, y para que las mujeres podamos también comprender mejor los puntos de vista de los distintos grupos sociales involucrados en el tema.

De allí que consideramos que la propuesta que se discuta no debe ser pensada en oposición o como alternativa a una ley general de igualdad, sino que debe ser entendida como un momento de clarificación de las propuestas y de logro de consensos entre las mujeres, para plantearla de acuerdo al contexto político, como una ley específica o como un capítulo de la ley general, dependiendo de las condiciones que se presenten en el futuro inmediato y mediato.

Sobre el carácter de la propuesta

· Para la AMQ, una ley de igualdad, o una ley de igualdad entre mujeres y hombres, no puede centrarse sólo en la institucionalidad estatal; debe normar las relaciones sociales en todos los ámbitos, tanto en relación con el estado como en relación con el conjunto de la sociedad.

· Debe precisar aspectos claves que atañen a las formas de discriminación de género que se expresan en nuestra realidad, pero debe ser lo suficientemente general para permitir que se abarquen todas las situaciones, lo que se pone en riesgo cuando se formulan leyes demasiado minuciosas y detallistas, que por lo general dejan fuera circunstancias que se presentan en la realidad y no fueron previstas por los/as legisladores/as.

Sobre el cuestionamiento a la Comisión de Transición hacia el Consejo de las Mujeres y la Igualdad de Género

· La AMQ es una de las organizaciones de mujeres que cuestionó frontalmente el decreto 1733 que eliminó el Conamu y ha sido (y seguirá siendo) crítica a la vez que propositiva frente a las acciones que ha venido cumpliendo la Comisión de Transición. No obstante, pensamos que el eje principal de nuestra convocatoria actual debe ser el tema de la Ley de Igualdad, que es suficientemente amplio y complejo como para añadirle otros temas que pueden desviar la atención principal.

¡Nos comprometeremos con entusiasmo en el proceso iniciado, aportando para que se lo realice desde una actitud de respeto democrático a las diferencias!

ASAMBLEA DE MUJERES DE QUITO

viernes, 7 de mayo de 2010

Veeduría del Juicio Político al Fiscal General

INFORME DE VEEDURÍA AL PROCESO DE ENJUICIAMIENTO POLÍTICO DEL FISCAL GENERAL DEL ESTADO DR. WASHINGTON PESANTEZ

ORGANIZACIONES DE MUJERES VEEDORAS:

RED de MUJERES POLITICAS DEL ECUADOR - REMPE,

ASAMBLEA DE MUJERES DE QUITO – AMQ y

el Foro Nacional Permanente de las Mujeres Ecuatorianas




    1. ¿Cuál fue el propósito de la veeduría y por qué surgió?

El objetivo de esta Veeduría, asumida por diversas organizaciones de mujeres, ha sido el de observar sobre la trasparencia del enjuiciamiento al Fiscal General, Dr. Washington Pesantez, informarse adecuadamente del proceso, revisar y analizar el proceder de todos los actores/as involucrados/as.


Las expresiones del Presidente de la República, antes de que se diera el examen de pruebas en la Comisión de Fiscalización, prejuzgando la inocencia del Fiscal, así como el pedido de renuncia de la inmunidad parlamentaria de los y las asambleístas que impulsaban el juicio político, pareció a los grupos de mujeres que eran incompatibles con un proceso imparcial para examinar pruebas y significaban una clara y muy grave intromisión del Ejecutivo en las funciones de otro poder del Estado, como la Asamblea Nacional.


Esta veeduría tenía cuanta más importancia si se considera que los anteriores casos de demandas de juicios políticos, en este ciclo legislativo, no habían prosperado y había quedado a nivel público la idea de que se limitaba su existencia, por procedimientos no siempre concordantes con las normas. Convenía por lo mismo, entre otros, observar si los procedimientos eran o no respetados.


Las mujeres queríamos asumir la responsabilidad pública de crear precedentes de veedurías que muestren la virtud de la participación ciudadana y de contribuir con nuestros criterios a crear una ética pública, cimentada en los principios y la legalidad. Era un deber, por lo mismo, realizar una veeduría que cumpla sus funciones de observar los hechos y de ver su relación con el debido proceso, propio de un enjuiciamiento político, así como su relación con la indispensable ética pública.


Es deber de todos cumplir con la Constitución y la Ley, y de los Asambleistas responder a su electorado en términos de fiscalizar a los servidores públicos y en este caso examinar las pruebas que se habían levantado en contra de un Fiscal General. Un examen imparcial se fundamenta en la libertad otorgada a las partes para presentar fundamentada y documentadamente argumentos y testimonios, en que los asambleístas miembros integrantes de la Comisión de Fiscalización cumplan el deber de asistir a las sesiones y de examinar las pruebas con responsabilidad; y, en que estas pruebas y argumentos sean sustantivos al objeto del proceso de examen seguido en la Comisión.


La veeduría integrada por mujeres de varias tendencias políticas representadas por la Red de Mujeres Políticas del Ecuador – REMPE, La Asamblea de Mujeres de Quito – AMQ y el Foro Nacional Permanente de las Mujeres Ecuatorianas, nos propusimos estar presentes permanentemente durante el desarrollo del proceso para objetivamente ser los ojos y los oídos de la ciudadanía y observar la transparencia de las acciones, el cumplimiento del debido proceso y la responsabilidad de los Asambleístas integrantes de la Comisión de Fiscalización para asistir a todas las sesiones convocadas para el conocimiento de las pruebas de cargo y descargo, y la comparecencia de testigos con el fin de que la resolución a la que lleguen tenga como fortaleza el conocimiento real de los hechos.


La veeduría se constituyó de hecho con la difusión de su primer Comunicado al País realizado el 24 de marzo 2010; fue “oficializada” por una carta de aceptación de la presidenta de la Comisión de Fiscalización el 31 de de Marzo 2010, y por una comunicación del Presidente de la Asamblea Nacional con fecha 1º de Abril del 2010.

  1. Acciones de la Veeduría

Las veedoras, en primer lugar, tomaron conocimiento y analizaron las pruebas documentales entregadas por la Comisión de Fiscalización y Control Político y que a su vez fueran presentadas por la parte acusadora o actora y por el encausado durante el período de prueba que se abrió desde el 26 de marzo al 10 de abril del 2010; en segundo lugar, las veedoras asistimos a las comparecencias de las personas que presentaron pruebas testimoniales solicitadas por las partes. Las Veedoras escuchamos atentamente la exposición de motivos que hiciera Virgilio Hernández el martes 6 de abril, al inicio de la comparecencia de testigos que se desarrolló del 6 al 9 de abril ante la Comisión, asistimos igualmente el 8 y 9 de abril del 2010 a la presentación de las pruebas de cargo y descargo protagonizadas por los Asambleístas que encausaron el juicio político y el Fiscal General del Estado, respectivamente. El 15 de abril del 2010 se conocieron los informes presentados por la Asambleísta Betty Amores y el Asambleísta César Rodríguez.


Los comparecientes fueron: el Fiscal Patricio Sosa; Señora María Elena Chediak, testigo del accidente de transito; Señora María Elena Bedoya, Madre de Señora Emme; Señora Blanca del Hierro. Presidenta de la Asociación de Fiscalía; Doctor Hernán Ulloa Parada, presidente de la Primera Sala de lo Penal; Doctora Isabel Garrido Cisneros, secretaria Corte Nacional de Justicia; Abogado Juan José Puertas Ortega, docente de la UTPL; Señor Fernando Guillermo Garay Delgado, aspirante a la Fiscalía; Fiscal Daniela Camacho; Doctor Domingo Paredes Castillo, Secretario Ejecutivo del CONSEP, Señor Ángel Gabriel Salvador, veedor Social; Capitán de Policía William Fabián Calle Silva, del Servicio de Inteligencia; Doctor Antonio Gagliardo, Fiscal Distrital del Guayas; Señor Bratislav Zivadinovic, representante de Oceanuss; Doctora Lucy Blacio, Ex-Fiscal de El Oro; Abogada Gabriela Alexandra Molina, aspirante de la Fiscalía; Doctor Marco Freire, Fiscal de Pichincha, (solicitado por la parte actora); Licenciado Santiago Martínez Jácome, teniente de Policía, Doctor Gonzalo Realpe, ex-fiscal de Pichincha; Doctor Guillermo Moreno, funcionario de la Fiscalía.

Como prueba testimonial solicitada por la parte encausada, se presentaron, el Señor Manuel Eduardo Campos Chancusig, de la Seguridad del Fiscal; Señor Plutarco Kléber Benavides Celi, funcionario del CONSEP; Doctora Luz Paulina Garcés Cevallos, funcionaria de la Fiscalía; Doctora Sandra Cecilia Siguenza Llerena, funcionaria de la Fiscalía; Doctora Miriam Sánchez Carrasco, funcionaria de la Fiscalía; Señor Marcelo Andrés Icaza Díaz, funcionario de la Fiscalía; Señorita Ximena Alexandra Rodríguez Párraga, funcionaria de la Fiscalía; Doctor Bolívar Figueroa, agente fiscal; Doctor Alonso Rodríguez Ordóñez, fiscal de la Provincia de Loja; Doctor Lenin Stalin Salinas, Funcionario de la Fiscalía.


Como prueba testimonial solicitada por las 2 partes se presentó la Doctora Elsa Moreno. Funcionaria de la Fiscalía y la Doctora Dilza Muñoz, Fiscal.


Como prueba testimonial solicitada por la Presidenta de la Comisión de Fiscalización se presentaron el Asambleísta Tomas Cevallos, el capitán (Sp), Mario Acosta Rubio y el Doctor Víctor Granda, el primero para exponer acerca de la presencia de funcionarios de la Fiscalía en la Asamblea, durante esos días, con el propósito de contactar a Asambleistas y los dos últimos en relación con la actuación del Fiscal en el proceso de enjuiciamiento penal al Alto Mando Militar, por el fallecimiento de la Ex Ministra de Defensa Guadalupe Larriva y varios militares, el 24 de enero de 2007.


El jueves 8 de abril de 2010 tuvo lugar la exposición verbal de la solicitud de enjuiciamiento político de la parte actora, con la presentación de documentos que buscaban la relación lógica entre los hechos denunciados y las pruebas de cargo agregadas en el proceso. La exposición estuvo a cargo de los Asambleístas: María Paula Romo, Rosana Alvarado, Francisco Velasco y César Gracia.


El Dr. Washington Pesantez Muñoz, Fiscal General del Estado, realizó su exposición verbal en la que ejerció su derecho a la defensa y presentó las pruebas de descargo en relación a la solicitud de enjuiciamiento político presentada en su contra, el 9 de abril del 2010, durante dos horas.


El martes 13 de abril de 2010 se convocó a la reunión de la Comisión de Fiscalización para revisión de las pruebas de cargo y descargo, pero no se concretó tal revisión porque se nombró una subcomisión para que fuera la encargada de analizar las pruebas y preparar el informe motivado. En la tarde del mismo día, se reunió la subcomisión a puerta cerrada y las miembros de la Veeduría no pudieron acceder a sus deliberaciones.


El jueves 15 de abril en la sesión de la tarde, se presentaron dos informes a la Comisión de Fiscalización y Control Político, uno del Asambleísta César Rodríguez por el archivo del juicio y el otro, de la Asambleísta Betty Amores, por el envío del juicio al plenario. La veeduría no conoce si hubo sesiones de subcomisión o de grupo para elaborar estos informes, porque no fue notificada de ninguna reunión. Los informes fueron leídos pero no se discutieron. Esta veeduría puede afirmar que en la sesión de la tarde del jueves 15 de abril del 2010 no se dio una verdadera discusión sobre la valoración de pruebas. La lectura misma de los informes no fue atendida con interés, pudiéndose observar permanentes salidas del recinto donde se efectuaba la sesión por parte de algunos Asambleístas y frecuentes llamadas de teléfono que sin lugar a dudas distraían la atención del tema. La votación prácticamente siguió a la lectura.


  1. Información proporcionada por las veedoras

La Veeduría, como era su deber, estuvo atenta a comunicar a la ciudadanía a través de a la prensa y a sus organizaciones el desarrollo del juicio político. Convocó a una rueda de prensa el 7 de abril del 2010 para explicar el sentido de la veeduría y el porqué las mujeres asumimos este reto. Se entregaron 4 boletines de prensa, (adjuntos) durante el desarrollo del proceso y además sus voceras:


La Veedora Silvia Vega estuvo en Radio Centro y en Radio Visión con el Asambleísta Virgilio Hernández, y en una entrevista con la revista Vistazo que se publicará a fines del mes de abril.


La Veedora Cecilia Torres fue invitada a dialogar sobre el tema en la Radio Colón y en la Radio Visión, en esta última conjuntamente con el Asambleísta César Rodríguez.


De igual forma, la Veedora Lilian Durán brindó una entrevista sobre el tema a reporteros del diario el Mercurio de Cuenca y al canal Uno de televisión.


Se realizaron tres reuniones conjuntas de la Veeduría ciudadana de la RED DE MUJERES POLITICAS DEL ECUADOR, ASAMBLEA DE MUJERES DE QUITO, FORO DE LA MUJER, y del Representante de la Veeduría de la Universidad de Cuenca. El objetivo: intercambio de observaciones al proceso, análisis del accionar de cada una de las partes involucradas, tanto de la parte actora como de la encausada, y de los y las Asambleístas que forman parte de la Comisión.


Es necesario resaltar que durante TODO EL PROCESO de aceptación de causas y descargo de éstas para el Juicio Político eventual al Fiscal General, la veeduría Ciudadana de las Organizaciones de mujeres, ha estado presente en cada una de las reuniones de la Comisión, con excepción de la Reunión de la Subcomisión, a la cual fue impedida de acceder; esto, a más de llamarnos la atención merece nuestro rechazo, es a la ciudadanía a la que se impidió ejercer el derecho de observar el trabajo de la Subcomisión. Cabe recalcar que sólo se reunieron una tarde para analizar las pruebas de cargo y descargo y los testimonios de más de 35 personas.


  1. Conclusiones principales

Luego de la participación en el proceso de sustentación del juicio político al Fiscal General del Estado y de la actuación posterior de la Comisión de Fiscalización, hasta la fecha en que emitimos este informe, esta veeduría ciudadana puede y debe expresar las siguientes conclusiones:

  1. Esta Veeduría ha concluido que se respetaron las pautas del debido proceso en el desarrollo del juicio político, los comparecientes tuvieron la libertad necesaria para expresar sus puntos de vista y las sesiones fueron públicas, salvo la reunión de la subcomisión.
  1. La presentación de las pruebas documentales y testimoniales de cargo y descargo, se sustentaron en el tiempo previsto y con un activo ejercicio de preguntas a los y las comparecientes.
  1. Por su parte el Fiscal General en uso de su derecho a la defensa, a criterio de esta veeduría ocupó gran parte de su tiempo para hacer un informe de labores de su gestión administrativa en la Fiscalía, y si bien se argumentaron algunas acusaciones, no desdijo lo fundamental de todas las acusaciones, e incurrió en la deslegitimación de la parte acusadora, incluyendo en mas de una ocasión acusaciones a los interpelantes.
  1. Las pruebas documentales presentadas por el Fiscal, descargan su responsabilidad sobre algunas de las acusaciones presentadas, sin embargo, no logra desvirtuar varios hechos que se le imputan, aspectos que sintetizaremos más adelante. ( anexo 1)
  1. Esta Veeduría pudo constatar que la votación por el juicio o contra el juicio al final de los días del examen de pruebas, no se fundamentó en la consideración de las mismas. Parecería que los señores y señoras Asambleístas, antes del conocimiento de las pruebas documentales y de la comparecencia de los testigos, ya sabían como iban a votar. El asambleísta Abdala Bucaram Pulley no participó en la presentación de las pruebas y comparecencias y sólo asistió a las de descargo del Fiscal, sin embargo en reiteradas ocasiones ante la prensa ya adelantó su criterio. Mientras en asambleísta Gastón Gagliardo, participó en parte del proceso de presentación de pruebas.
  1. Durante la Lectura de los informes abandonaban la Sala con frecuencia sin dar mayor importancia no atendían la lectura de los mismos. El argumento para un voto de abstención fue que el Asambleísta no había sido parte de la redacción de ninguno de ellos; situación que más allá de la legitimidad de reclamar participación, es un argumento que esta Veeduría considera inconsistente.
  1. Esta Veeduría conoció de presiones a los miembros de la Comisión para que cambien su opinión, aduciendo razones “partidistas”, práctica común a la llamada “partidocracia”.
  1. Esta veeduría asistió a la votación de los dos informes presentados por los asambleístas Rodríguez y Amores, cuyo resultado fue de cinco votos a favor de que se archive el proceso y cinco a favor de que pase al conocimiento y resolución del Plenario de la Asamblea. Un voto del asambleísta Marco Murillo fue por la abstención. Frente al empate producido se presentaron argumentos legales sobre si podía o no darse un voto dirimente de la presidenta de la Comisión de Fiscalización y hubo aceptación general sobre la improcedencia de la dirimencia, por tratarse de una comisión de número impar de miembros, en razón de que el art. 26 de la ley orgánica de la Función Legislativa otorgaría esta facultad en casos de comisiones constituidas por un número par de miembros. La veeduría considera que aunque puede haber cierta oscuridad en la norma, por la no coincidencia plena entre la Ley y el reglamento, el artículo de la Ley que se ha esgrimido, no es pertinente a este caso porque no se trata de una comisión con un número de miembros par, y que por lo tanto es plenamente aplicable el artículo reglamentario que habla de que para lograr mayorías en los temas que las comisiones deben resolver, (sean de número de miembros pares o impares) se sumará a la votación empatada el voto de la presidencia.
  1. Más allá de las inconsistencias legales que de hecho existen y que la Asamblea deberá subsanarlas, el asunto de fondo es, para esta Veeduría, si la Asamblea Nacional hace respetar su autonomía en la función de fiscalizar, frente a las ingerencias del Ejecutivo que son de dominio público en este caso, y si, por otra parte, los/as asambleístas consideran o no que existen temas violatorios de la Constitución, las leyes y la ética, en las acusaciones formuladas por los asambleístas acusadores contra el Fiscal General del Estado. El Fiscal, por su parte, en cumplimiento de su responsabilidad de rendir cuentas de su administración a la ciudadanía, no debería temer la realización de un juicio político, sino por el contrario aprovechar esta ocasión para ventilar ante la más amplia opinión ciudadana, los cargos de los que se le acusan. No se puede privar a un funcionario público de tan alto nivel no sólo repulsar el juicio sino de demostrar su probidad y su correcta actuación en una función pública, respondiendo con seriedad y documentadamente a los cargos de fondo que fueron hechos en su contra. El hecho de no recomendar su paso al Pleno no solo evidencia los vacíos legales, sino el vacío de juicio moral para dar paso a una verdadera labor de fiscalización.
  1. La opinión de esta veeduría en torno a estos dos puntos de fondo es que la Asamblea tiene la obligación legal y de dignidad, de cumplir sus funciones fiscalizadoras, sin amedrentarse por la presión de ningún otro poder del estado. Dada la situación creada, le corresponde legalmente al Pleno resolver sobre este asunto. Respecto de lo segundo, la veeduría considera que en las pruebas de descargo, el señor Fiscal no ha desvanecido algunos temas de fondo que los detallamos en el anexo, y que por lo tanto amerita que el pleno de la Asamblea realice el juicio político respectivo. Los y las asambleístas deben definir si en las acusaciones existen temas violatorios a la Constitución, las Leyes y la ética por parte del Fiscal General del Estado, o que su desempeño no garantiza las funciones a su cargo. Pero también tienen la oportunidad de hacer respetar la autonomía de la Función Legislativa y su función de fiscalización, saliendo por los fueros de la dignidad y el respeto a la democracia.
  1. Las declaraciones del señor Presidente de la República, exculpando al Fiscal General de todo cargo, y desvalorizando las pruebas y a los testigos, a los ojos de esta Veeduría, constituyó una clara interferencia en el debido proceso, y una grave inobservancia a la independencia de las Funciones, demuestra un franco desacato a los principios del Estado Constitucional de Derechos y Justicia, establecidos en la Constitución de la República que actores políticos y sociales estamos obligados a respetar.
  1. Esta veeduría recogiendo el clamor ciudadano que demanda esclarecer la verdad de los hechos que se imputan al Fiscal y no alimentar dudas y suspicacias sobre la idea de que se intenta frenar el juicio político por razones inconfesas, cree importante que sea el Pleno de la Asamblea Nacional, el que resuelva el tema, con una indispensable deliberación pública, fomentando la transparencia que contribuya a crear precedentes de ética pública en el quehacer democrático del país.
  1. Mira con asombro que una comisión legislativa tenga el poder de impedir se examinen en el Pleno las pruebas y por si sola determine la culpabilidad o inocencia del encausado, por lo que consideramos conveniente modificar la reglamentación al respecto. De lo contrario, se corre el riesgo de que la función fiscalizadora de la Asamblea quede clausurada y entrampada en los vericuetos de los intereses particulares o partidistas.
  1. Al tiempo de redactar este informe las veedoras se informaron de que fue tomado preso uno de los ciudadanos que testificaron en el examen de pruebas que se llevó a cabo en la Comisión. Este hecho independientemente de que se inicie o no una acusación formal, constituye un amedrentamiento a testigos que socava el derecho de la ciudadanía para formular denuncias, señalar infracciones o abusos contra lo que considera una gestión incorrecta o corrupta de un funcionario público. El respeto y tolerancia es fundamental para la democracia que queremos construir.

Quito, 26 de abril del 2010


RED DE MUJERES POLITICA DEL ECUADOR

Cecilia Torres O. Francisca Morejón C. Alodia Borja N.

Ruth Gallegos


ASAMBLEA DE MUJERES DE QUITO

Silvia Vega Ugalde


FORO NACIONAL PERMANENTE DE LAS MUJERES ECUATORIANAS

Liliana Durán Aguilar